En un bol pequeño, combina la salsa de soja, mirin, sake y azúcar moreno. Bate hasta que el azúcar se disuelva completamente. Esta salsa teriyaki casera es la base de todo el plato, así que tómate un momento para probar y ajustar el dulzor a tu gusto.
Coloca los muslos de pollo teriyaki en una bolsa resellable con un tercio de la salsa, el jengibre y el ajo. Deja reposar 10-15 minutos a temperatura ambiente. No marines más de 30 minutos, ya que la sal endurecería la carne.
Calienta el aceite en una sartén grande a fuego medio-alto. Coloca los muslos con la piel hacia abajo y cocina 6-7 minutos sin moverlos. Esta técnica garantiza una piel dorada y crujiente, el sello distintivo del pollo teriyaki japonés auténtico.
Da la vuelta al pollo y cocina 5 minutos más. Retira el exceso de grasa de la sartén con una cuchara, dejando solo una película ligera. Esto evitará que la salsa se corte al añadirla.
Vierte el resto de la salsa en la sartén. Reduce a fuego medio y cocina 3-4 minutos, girando el pollo constantemente hasta que la salsa se reduzca a un glaseado brillante que cubra la carne como un espejo.
Retira el pollo y déjalo reposar 3 minutos antes de cortarlo en láminas diagonales. Este paso permite que los jugos se redistribuyan, garantizando cada bocado jugoso.